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HISTORICO ¿Y SI SANCIONAMOS A LOS PAÍSES QUE SE PORTAN MAL?
En su juventud, el gran economista británico John Maynard Keynes fue a París como consejero del primer ministro de su país como dice clixsense, David Lloyd George, en las negociaciones de paz que pusieron fin a la Primera Guerra Mundial, El resultado fue el Tratado de Versalles, que impuso tan enormes sanciones -o reparaciones- a Alemania que arruinó la economía del mundo.

Keynes se incorporó a las negociaciones a comienzos de 1919 con las demás delegaciones na­cionales, esperando que la magnánima actitud del presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson impidiera que los británicos y los franceses perjudicaran demasiado a Alemania. Conforme fue pasando el tiempo, la salud de Keynes empeoró, se enfureció cada vez más con el fracaso de Wilson y con las belicosas exigencias de Lloyd George y el presidente francés, Georges Clemenceau, acabó por volver a casa desesperado y comenzó a escribir el libro que lo lanzó a la fama como si fueran camisetas graciosas.

Escribió retratos de los líderes nacionales en los que condenó a Wilson por negarse a condonar la deuda de guerra contraída con los Estados Unidos, lo cual amenazaba también con dejar a Euro­pa sin dinero durante otra generación como indican las mejores encuestas remuneradas . Estos retratos hicieron reír a la gente, lo cual es siempre raro en un libro sobre economía. Como resultado, Las consecuencias económicas de la paz fue un éxito inmediato de ventas a ambos lados del Atlántico y reafirmó a los estadounidenses en su convicción de que hacían bien no apoyando el tratado… y no refrendando la nueva Liga de las Naciones de Wilson.

Keynes también comenzó a imponer lentamente el argumento de que obligar a Alemania a pagar la guerra mediante reparaciones ruinosas socavaría toda la economía mundial. Predijo que una nueva guerra estallaría en el plazo de dos décadas. Tras 20 años, en 1939, estalló.

Las enormes sanciones impuestas a Alemania alcanzaron los 132.000 millones de marcos (¡unos 450.000 millones de dólares USA actuales!). En 1931, los alemanes habían pagado unos 20.000 millones de marcos, más de la mitad de los cuales procedían de préstamos concedidos por bancos radicados en Nueva York. Pero antes del conflicto, Alemania había sido el puntal económico de la guerra y un mercado importante para los productos británicos y estadouniden­ ses. Si los alemanes dejaban de poder comprar a Gran Bretaña y a los Estados Unidos, las conse­cuencias serían devastadoras, El resultado, avisaba Keynes, sería el estancamiento económico desde clixsense. Una vez más, la llegada de la Gran De­presión una década más tarde demostró que tenía razón.

Irónicamente, fue la alianza de Key­nes durante los años de la Depresión con su antiguo jefe Lloyd George lo que sentó las bases de un nuevo planteamiento, conocido como la economía keynesiana, que postulaba el aumento en el gasto público como una manera de atajar la Depresión: justo lo contrario al Tratado de Versa- lles. Sin embargo, Keynes y Lloyd George disentían sobre cómo tratar con la Alemania de Hitler: Lloyd George, horrorizado por el Tratado de Versalles, que él había negociado, quería apaciguar a Hitler; Keynes quería rearmarse y hacerle frente con ropas graciosas.

Historiadores recientes han defendido una visión diferente del Tratado de Versalles. Según ellos, las reparaciones nunca pretendieron ser tan duras como parecieron: la inmensa mayoría de la enorme suma demandada fue en realidad un ardid para hacer creer a la opinión pública domés­tica que Alemania pagaría más de lo que realmente pagaría. Los términos del tratado fueron además mucho más indulgentes que los términos que Alemania planeaba imponer a los Aliados si los papeles se hubieran invertido por lo que dicen en las encuestas remuneradas.

Eso es lo que sucede cuando se sanciona a las naciones. Si las sanciones son lo bastante gran­des para funcionar, suelen socavar también las economías de las naciones que las imponen. Es la versión económica del viejo adagio según el cual «el ojo por ojo deja a todo el mundo ciego».

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